Inseminación Conozca más
De las distintas técnicas de reproducción asistida, es probable que esta sea la primera que se considere si muestra alguna dificultad para quedarse embarazada. Y es que, la inseminación artificial es el método menos invasivo para aumentar tus posibilidades de llegar a ser padres.
Como muestra de su eficacia podemos mencionar, que una de cada cuatro mujeres que se realizan una inseminación artificial consigue quedarse embarazada, como máximo después de tres ciclos de tratamiento en promedio, considerando particularidades de cada caso desde luego.
La diferencia esencial con otro tipo de tratamiento de reproducción asistida es que, en el caso de la inseminación artificial, la fecundación tiene lugar dentro de la madre, no en el laboratorio. Eso sí, el semen no se introduce de forma natural, se utiliza un catéter para depositarlo en tu útero. Esa es la principal intervención que se hace para garantizar las condiciones más óptimas para que se produzca el embarazo.
La inseminación artificial no tiene nada que ver con un procedimiento complejo o que requiera su hospitalización, sino más bien sino únicamente de un seguimiento de control por parte del especialista, en estas citas se realizan básicamente ecografías vaginales y potencialmente alguna analítica, posterior a ello la paciente puede continuar con su rutina habitual, salvo indicaciones del doctor.
La inseminación artificial es lo más cercano al procedimiento natural para tener un hijo. Su objetivo es aumentar las probabilidades de embarazo con una mínima intervención enfocada en dos aspectos: concentrar la cantidad de espermatozoides y reducir la distancia que tienen que recorrer hasta alcanzar el óvulo. De esta forma, es más fácil que la fecundación se transforme en un embarazo.
Evidentemente, está indicada para casos que llevan un tiempo de intentos continuados y fracasados de tener un hijo por sus propios medios. Sin embargo, precisamente porque no la inseminación es poco intervencionista no es eficaz para casos severos de infertilidad. En ese campo intermedio, es en el que se opta por recomendar este tratamiento.
Una de las premisas para probar con la inseminación artificial es que la mujer no tenga más de 35 años, buena reserva ovárica y con unas trompas de Falopio funcionales. También es preferible que se intente en plazo breve según se empiezan a notar problemas de esterilidad en ambos o alguno de los dos miembros de la pareja como:
- Causas desconocidas (esterilidad idiopática)
- Mujeres con endometriosis
- Si se padece el síndrome del ovario poliquístico u otras alteraciones de la ovulación
- Problemas durante el acto sexual como vaginismo, impotencia o eyaculación retrógrada.
- Anomalías en el cuello del útero o falta de moco cervical
- Mala o baja calidad seminal



